martes, 31 de julio de 2012

Así me vine, así me fui

Esclavo de la noche, llegue  a caer,
en un indómito y maquiavélico amanecer,
cegador, pero no tanto, como para no observar
que prefiero ser ermitaño que un ser social

Hipocresía insana,
que te hace creer
que tienes un significado,
sin explicarte para qué

¿Qué es esto que me haces?
no estoy preparado para despertar,
y mucho menos, en este extraño lugar

No es lo mio deleitarme con color,
lo negro es hermoso, elegante y sinuoso,
todo, se ve igual, con ojos clarividentes
y es mucho más difícil aparentar

Dejadme seguir durmiendo,
pues es más hermosa mi pesadilla,
que vuestra triste realidad

Es mi cárcel de oro, mi destierro, mi verdad,
de donde vengo y quiero regresar,
del resto que me corresponde, mi parte regalo,
cójala pues, quien la quiera aguantar

¿Cómo se puede vivir con esa parquedad?
¿vivir tan apretujados  y sin respetar?
ni contigo ni sin ti puedo estar,
esa es vuestra única verdad

A mi mundo escapo, sin acritud,
pero no quiero participar del mal,
quiero ser íntegro, y además,
muestro respeto a mi salud mental

lunes, 30 de julio de 2012

El agónico fenecer


Empezamos una nueva semana de agonía, con el Estado español en coma y sin muchas esperances que pueda despertar de él. Estoy seguro que al final España será rescatada, y lo estoy porque el Gobierno ha negado categóricamente vaya a haber tal rescate y ya sabemos lo que pasa cuando el Ejecutivo asegura con firmeza algo. Además, se oyen rumores que Europa ya está preparando nuestro rescate y que Rajoy ha pedido a Merkel 300.000 millones de euros.

Quién será el que asuma las consecuencias de la dichosa Reforma laboral, al servicio del empresario, el número de eres en más de un 550%. Lo cierto es que hay que admirar la valentía que tienen, se “descojonan” de todos nosotros y con toda la cara del mundo dicen que las noticias del paro les motivan para seguir trabajando. ¡Por favor, no trabajéis más! Es preferible que dejéis el mercado laboral a su ritmo, no hagáis más reformas ni más de nada, iros con Dios. Cómo han podido decir y siguen diciendo que lo que han hecho y están haciendo es lo único válido para encontrar la senda del empleo. ¿No han visto los resultados? ¿Tan poco les importamos o que realmente se creen sus sandeces? Le han dado carta blanca al empresario para que despida a su antojo, han ahogado la economía con tanto recorte al punto que el tema del desempleo se les ha ido de las manos. ¿Qué hacemos ahora?, ¿les seguimos dejando que gobiernen?

Esta semana se antoja muy crítica y veremos como respira la economía. El Banco Central Europeo ha dicho que se Europa está preparada para defender el euro y lo hará. Eso alivió la prima de riesgo y los mercados españoles, pero sigue asegurando que no comprará deuda pública y a mí, personalmente, esto me huele a rescate, mejor dicho a RESCATE.

sábado, 28 de julio de 2012

El hombre es un lobo


A decir de los más sabios y entendidos, nuestros más antiguos parientes, nuestros ancestros ya perdidos, practicaban el canibalismo. La evidencia científica de una afirmación tan sorprendente (prácticamente se puede decir que estamos tratando un tema tabú para nuestro entendimiento racional) se basa en la presencia de determinadas marcas en los restos óseos excavados, recuperados y estudiados del yacimiento burgalés de Atapuerca. En determinados fragmentos óseos de algunos de nuestros antepasados homínidos se han documentado evidencias claras y suficientes de marcas de descarnado similares a las aparecidas en los restos de animales consumidos por nuestros antiguos parientes. Por lo tanto, es fácil suponer que se practicó algún tipo de antropofagia, ya sea por una mera cuestión de supervivencia o por aspectos más profundos relacionados con temas rituales.

El canibalismo no es algo extraño al ser humano por mucho que nos llevemos las manos a la cabeza. En determinadas culturas de lugares tan remotos y lejanos, apenas inexplorados en la actualidad por el ser humano occidental, como Papúa – Nueva Guinea, se ha documentado antropológicamente prácticas de antropofagia. En muchos casos, tiene un claro componente ritual sustentado en unas creencias muy específicas: es necesario consumir determinadas partes del enemigo muerto a fin de apoderarse de su alma y demás entes espirituales. Podríamos hablar largo y tendido sobre las constantes costumbres guerreras de muchos de estos grupos pero no viene al caso en este momento. Sin embargo, sí es interesante la cuestión caníbal. Muchos especialistas en la materia, han postulado que detrás de estas prácticas disfrazadas de cuestión mística – ritual – religiosa podríamos encontrarnos ante la simple necesidad de obtener proteína cárnica en un ecosistema donde la obtención de carne con fines alimenticios es sumamente complicada. En resumidas cuentas, a falta de cerdo, vacas y demás tipos de animales y ganados susceptibles de ser procesados como fuente de alimentación, estos grupos culturales recurren a comerse unos a otros.

Para nuestra cultura occidental, de fuerte componente judeo – cristiano bien aliñado con nuestra suficiente dosis de pensamiento filosófico, curiosa mezcla que ya algún sesudo pensador anotó de determinación y duda, concibe como aberración intolerable la cuestión del canibalismo. Sin embargo, esa hipocresía que sustenta buena parte del pilar estructural y social occidental ha sido capaz de enajenar términos de tal manera que los ha adaptado a sus circunstancias y necesidades.

La sutileza del desarrollo evolutivo humano, por lo tanto, trastocó estos principios básicos sobre los que se sustenta la antropofagia. En un principio se valoraron los inconvenientes, algunos, de comerse al vecino. El principal de todos era, sin duda, que algún día tú mismo podrías convertirte en primer plato, segundo y hasta postre de alguien más fuerte que siempre lo hay. Por lo tanto, se consideró la urgencia de obtener los recursos de otra manera más sutil. Por lo tanto, se crearon determinadas instituciones que permitieron que unos pocos, por determinadas causas (empleo de fuerza física o por cuestiones relativas a creencias, inteligencia y un largo etcétera) estableciesen diferentes fórmulas de dominio sobre una gran mayoría. Estamos hablando, por ejemplo, de las civilizaciones prístinas nacidas al amparo de los grandes cursos fluviales. El siguiente paso sería el establecimiento de una sociedad agrícola que generase los suficientes excedentes para poder mantener a una población inactiva que dedicaría su tiempo al noble arte de la guerra o a cuestiones más divinas, lo que básicamente se conoce como ejercer de intermediario entre unas determinadas dioses o divinidades y el resto del pueblo demasiado atareado en su trabajo en el campo como para dirigir plegarias y rezos a entes supremos.

Sin embargo, la perversión post – moderna en su vertiente más demencial ha sido capaz de tergiversar los principios fundamentales de la esencia caníbal del ser humano moderno. La antropofagia ha perdido su esencia cultural o ritual, ni siquiera puede entenderse como un último recurso de supervivencia. En nuestra actualidad ni siquiera se basa en el aprovechamiento de unos excedentes productivos. Ahora se practica un determinado tipo de canibalismo que en términos de abstracción implican que un individuo en concreto consuma a otros muchos en vida. La explotación se ha mudado en práctica general y convencional que permite obtención de unos recursos inmateriales a un espectro muy reducido de la población mediante el agotamiento vital de otros muchos. Y es que, desde el principio al fin, el hombre es un lobo para el hombre.

Luis Pérez Armiño

jueves, 26 de julio de 2012

Gustav Klimt

Dánae, 1907, Gustav Klimt
Colección privada austriaca - Fuente
Las transiciones se convierten en oscuras zonas de paso que hay que atravesar prácticamente a tientas. Austria a finales del siglo XIX era todavía una potencia colosal anclada en pleno corazón de Europa. Pero estaba enferma. Sus estructuras arcaicas estaban obligadas a contemplar un futuro inmediato y lo hacían a través del terror ante lo desconocido que estaba por llegar inevitablemente. En todo ese panorama, de un viejo mundo que está abocado a desaparecer, sólo una genialidad podía arrojar algo de luz para mostrar cuál es la vereda recta por la que caminar sin miedo. En la Viena de finales del siglo XIX y principios del XX, uno de los principales centros culturales de toda Europa, se vivió una especial convulsión del mundo del arte que se abrió de par en par a una nueva forma de entender la modernidad y su representación. Como han afirmado la mayoría de los especialistas en arte, sin duda, Gustav Klimt es el auténtico personaje de este cambio. De hecho, él mismo es el cambio y la adopción plena y consciente de la modernidad.

Esperanza, 1903, Gustav Klimt
National Gallery of Canada - Fuente
Klimt nació en 1862 en una pequeña localidad cercana a Viena. De orígenes humildes pero muy significativos – su padre era grabador de oro y su madre cantante de ópera fracasada- obtuvo, siendo muy joven, una beca para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Viena, donde pronto dio buena cuenta de su capacidad artística. Imbuido del academicismo imperante, junto a su hermano Ernst y su amigo Franz Matsch crearon la “Compañía de Artistas”, más bien agrupación artesanal e, incluso, empresarial con la que se ganaban la vida mediante trabajos de interiorismo. Destacaron sus obras para determinadas instituciones públicas mediante realizaciones de fuerte sentido academicista de acuerdo a su formación, con escenas de temática histórica o alegórica. Precisamente sería uno de estos encargos el que marcaría ese punto de no retorno en la carrera de Klimt. En un momento de gran prestigio en los círculos artísticos oficiales, habiendo recibido en 1890 el Kaiserpreis o “premio imperial a las artes”, el máximo galardón artístico de todo el Imperio austro – húngaro, Klimt, de repente, decide romper con el pasado.
Es difícil establecer una categoría que encuadre el arte de Klimt. Son muchos los que se contentan con la simpleza de la etiqueta de “pintor simbolista”. Sin embargo, el vienés representa algo más. Al final y al cabo, como recoge el catálogo con motivo de la exposición celebrada en 2006 - 2007 La destrucción creadora. Gustav Klimt, el friso de Beethoven y la lucha por la libertad del arte, de la Fundación Juan March, Klimt no hace más que encabezar esa terrible lucha entre la libertad del artista frente a las exigencias de los mecenas. Su papel como creador de la Secesión vienesa no se contenta con ser simple fundador; él es el verdadero espíritu de la rebeldía y modernidad de la Secesión. Cuando participa en la decoración del Aula Magna de la Universidad de Viena, en un encargo de 1894 pero que se prolongará durante más de seis años, Klimt decide traspasar la frontera del viejo arte y arriesgarse en mares hasta el momento inexplorados en los territorios austriacos. Fue tal la reacción ante de repulsa de la sociedad vienesa ante el innovador trabajo de Klimt que el asunto llegó a convertirse en cuestión parlamentaria. Y el propio Klimt zanjó el asunto negándose a partir de entonces a desperdiciar su tiempo en servilismos y búsquedas estériles del favor de la crítica.

Judith, 1901, Gustav Klimt
Galería Belvedere, Viena - Fuente

La sociedad vienesa de finales de siglo vivía su lenta agonía. Y era consciente de su temprano final, de lo arcaico de las estructuras sobre las que se sustentaba, podridas por el paso del tiempo y por lo anquilosado de todo un Imperio que bebía de glorias muy lejanas en el tiempo  y que constituía una mole demasiado pesada, enorme y torpe como para acompasar su marcha al ritmo de lo moderno. En esa sociedad se esconde en sus rincones más profundos y ocultos los deseos más impúdicos satisfechos con el fino cinismo del burgués relamido que se abandonaba a los placeres más denigrantes y vergonzosos. Al fin y al cabo, como escribía Bárbara Probst Solomon (“La revolución sensual de Klimt”, El País, 6 de enero de 2008), Viena “fue la ciudad natal de Freud”. Klimt decidió sacar todas esas vergüenzas a la luz del día y mostrarlas violentas y grandiosas delante de las caras acicaladas a la luz del día después de las noches de perversión y lujuria disimulada.
El pintor inconformista, revolucionario y moderno, el artista bohemio que según la leyenda que recuerda Elsa Fernández – Santos (“Los papeles eróticos de Gustav Klimt”, El País, 15 de junio de 2006) vivía día y noche rodeado de mujeres desnudas se convirtió en la modernidad de nuestro siglo en objeto del merchandising más ruin y feroz, convirtiendo sus iconos en imagen de fácil venta en locales de tres al cuarto, inundando cuartos y paredes con sus imágenes de fondos dorados. Quizás la visita a Ravena y la contemplación de los mosaicos bizantinos conservados en la ciudad italiana infundieron una nueva concepción al decorativismo que inunda los fondos de las obras de su llamada “etapa dorada”. El retrato de Adele Bloch – Bauer, uno de los cuadros más caros de toda la historia contemporánea del coleccionismo, o el propio El beso, archiconocidísimo y reproducido hasta la extrema banalización, ejemplifican esta etapa en la que, sin embargo, se trasluce entre sus fondos dorados ese tema tan recurrente: la mujer como ser moderno y objeto de una sensualidad que desborda su propio cuerpo, esa femme fatale como diría Helena Celdrán (“Gustav Klimt, un pintor enganchado a sus musas” en 20 minutos, 25 de enero de 2012) que inaugura su despertar después de la dominación machista que había caracterizado a la historia.
Klimt en 1905 - Fuente
Klimt fue capaz de transmitir un nuevo lenguaje que escondía, debajo de fastos y escenas de erotismo descarnado, toda una modernidad que entraba de forma brutal en escena. Como recuerda Francisco Calvo Serraller (“En la aurora de la modernidad”, El País, 28 de octubre de 2006), no resulta extraño que su muerte en 1918 coincidiese con el colapso del antiguo Imperio austro – húngaro, derrotado y humillado tras la Gran Guerra. Klimt, en cierta forma, había sido el testigo privilegiado que fue capaz de contemplar el fin de un mundo ya obsoleto para poder predecir un futuro demasiado ansioso por entrar en escena.
 
 
Luis Pérez Armiño

Auf Wiedersehen Europa


No se va a comprar deuda pública. Si España necesita ayuda que pida un rescate y page los intereses, pues para ello se están ampliando los fondos destinados a rescatar economías maltrechas. Ese es el mensaje claro y rotundo que se ha enviado desde Bruselas. El Gobierno ha hecho todo aquello que se le ha pedido y obtiene un eurotortazo como respuesta. Ahora se dedica a mendigar un poco de compasión entre los países integrantes de la Unión Europea con el fin de hacer cambiar de postura a Bruselas.

Nos han tomado el pelo miserablemente. Habían dicho que estas medidas que tomaba el Ejecutivo eran “duraz y dolorozaz pero nezezariaz para zalir adelante”*, a pesar de tan extrañas palabras muchos entendimos el mensaje. Nos apretaban el cinturón para evitar un rescate económico. Ahora nos encontramos al borde de ese rescate, con Europa dándonos la espalda, la economía más asfixiada que nunca y con tendencia al aumento del paro ¿De qué ha servido todo esto? ¡De qué!

En Europa solo importaba que España salvara a las entidades financieras, empresas privadas de las que no tenemos que sentirnos responsables, todo lo contrario, son las principales culpables y encima las estamos salvando de la quema con el esfuerzo colectivo que nos ha impuesto el Gobierno. Como recompensa recibimos el espaldarazo europeo. Nos van a atrapar con un crédito de dimensiones épicas que estaremos pagando durante generaciones. Es hora ya de decir ¡basta!, ¡hasta aquí llegamos!

El Partido Popular ha incumplido cada una de las promesas que ha realizado y encima nos ha dejado en el borde del precipicio. Lo lógico es que si el rescate del Estado español se consuma, y todo apunta que así va a ser, se tomen medidas drásticas. El Gobierno está desposeído de elegancia suficiente para reconocer el error y dimitir, así pues habrá que “dimitirlos”. Los únicos que pueden hacer tal cosa por medios pacíficos son los funcionarios con una huelga indefinida que paralice el país, manteniendo los servicios mínimos en sanidad. Son los funcionarios los llamados a acaudillar el movimiento revolucionario que termine con este sistema en el que prima más el euro que la persona. Hemos dado todo lo que nos han pedido, incluso por encima de nuestras posibilidades, y lo único que han hecho es precipitarnos al abismo. Dos años de intensa agonía que no han servido para nada. Es hora de cambiar la suerte de nuestro país.

Aunque sea tarde, hagamos lo que hicieron en Islandia. A la mierda con Europa, con el euro, con los bancos, con el Gobierno y con este injusto sistema. Acabemos con la agonía, cojamos las riendas del Estado y trabajemos juntos, pero esta vez que ese trabajo sea verdaderamente en beneficio del pueblo español.

*“duraz y dolorozaz pero nezezariaz para zalir adelante”= duras y dolorosas pero necesarias para salir adelante.
Nota del autor: Extraño dialecto del español utilizado por el presidente del Gobierno

martes, 24 de julio de 2012

Dejemos de hablar de indignación, hagámoslo de revolución


Lo que ha hecho el Gobierno español ha sido lo mejor que se podía hacer por España; no se va a pedir el rescate financiero. Estas dos frases son las más recurrentes del Partido Popular. Y siguen en esa tónica del pastorcillo mentiroso que les ha caracterizado durante el mandato, donde dije digo, digo Diego.

Si la política del Gobierno español de dar “caña al currito” es lo mejor que se pudo haber hecho para salvar a España de un rescate “en toda regla”, no quiero ni pensar que hubiese pasado de haberse gestinado mal el asunto. Con el buen hacer del Partido Popular nos encontramos la siguiente situación:

La prima de riesgo campa libremente por la barrera de los 650 puntos básicos. El Ibex 35 sigue en caída libre alcanzando mínimos desconocidos desde el 2003. El bono español a diez años se está pagando al 7,621%. Tres han sido las comunidades autónomas que ya han pedido ser rescatadas y las que quedarán por rescatar. El paro ronda el 25% de la población activa. Con este panorama está claro que España no va a poder cumplir con los objetivos y ese crédito, con sus intereses, que se ha pedido para los bancos va a pesar demasiado y nos llevará al pozo negro. Pero no lo hará inmediatamente, todavía sufriremos más; si cabe la posibilidad y parece que es así. Todo ello por el empecinamiento del Gobierno de alargarnos un sufrimiento que todo apunta a que es innecesario.

La situación de la Nación se haya así después de que estos políticos rastreros y lame********, que tenemos en este país, ejecuten las directrices llegadas desde Bruselas y no sean capaces de conseguir que el Banco Central Europeo intervenga comprando deuda española y alivie la tensión que tenemos. Nos dejan dinero para los bancos porque les interesa salvar sus propias economías, pues es sabido la cantidad de “tela” que les adeuda las entidades financieras españolas a las europeas. Pero cuando se les pide que se ayude a España para mejorar la situación del pueblo español, ¡ahí que nos den candela!

Somos unos desgraciados, unos conformistas y unos abúlicos incapaces de adquirir compromiso alguno. Yo ya estoy harto de oír esa cantinela, como la que contaba Esperanza Aguirre, que si no se hacen las cosas como se están haciendo viviremos un corralito como el argentino. El corralito lo vamos a vivir como sigamos permitiendo que estos tipos manejen nuestro designio ¿No nos damos cuenta qué se va a necesitar mucho dinero para salir de la situación y se va a sacar siempre del mismo sitio? No se le va a quitar la asignación a la Iglesia, ni se va a suprimir el número de políticos ni de instituciones obsoletas en la medida necesaria, lo mismo pasa con una política efectiva de lucha contra el fraude fiscal, etc. Es decir, se va a mantener todo como hasta ahora, vamos a pagar los que menos culpa tenemos de como está la situación.

Yo soy partidario de tomar una decisión drástica, como se hizo en Islandia, a pesar del agravante que supone estar metidos en el euro. Pero por una vez que haya Justicia, que se juzgue a los responsables y que sean ellos quienes paguen este desastre. Por supuesto que se juzgue también a los políticos y terminen en la cárcel todos aquellos que se demuestre que actuaron con prevaricación, mala fe, tráfico de influencias o negligencia ¡No se salva ni uno!

Ya no estamos como para que nos digan que si hacemos esto o lo otro la cosa va a ir a peor, porque día a día estamos yendo a peor ¡haciendo lo que nos dicen! Desconozco como será de complicado mandar a “hacer puñetas” a Europa y a su euro, pero lo que sí se es que no nos ha proporcionado ninguna satisfacción desde que empezó la crisis, a no ser que uno sea directivo de banco. No sé si fuera del euro seremos más pobres, mucho más tampoco lo vamos a ser. Lo que si estoy seguro es que podremos tomar nuestras propias decisiones y así habremos acabado con este sufrimiento recalcitrante que nos asfixia. Si tomamos esa decisión me sé de una teutona que se va a acordar muy mucho de haber ninguneado al pueblo español.

Cada día que pasa somos más pobres, tenemos menos autonomía y menos libertad de decisión. Después de casi cinco años, han tenido tiempo suficiente para sacarnos de la crisis y si no lo han hecho es porque quizás falla el sistema y la forma de gestionarlo. Yo creo que va siendo hora de dejar de hablar de indignación y empecemos a hablar de REVOLUCIÓN.

lunes, 23 de julio de 2012

Sabia soledad

Allí se encontraba, a la orilla del lago, como acostumbraba a hacer desde hacía ya cinco años. Había ido a buscar la sabiduría y lo que encontró fue la paz. Así, día tras día, la monotonía le permitía contemplar los enrevesados entresijos que mueven al ser humano, algo que nunca se había planteado cuando convivía con otros hombres. Se había librado del lastre ineludible que conlleva la vida en sociedad y su alma brotaba libre y sin tapujos, dotándole de clarividencia y un fresco y gratificante modo de contemplar el mundo.
Observaba con gran sorpresa como la energía agresiva que trajo de su otro mundo había desaparecido por completo, reinando en él una placentera calma. Una inconmensurable espiritual que siempre había envidiado, incluso cuando solo percibía la paz, desconociendo por completo la sensación. Aquellos años insanos, años buscadores de oro, años de desprecio a los semejantes, habían terminado. Empezaba a vivir de nuevo cerrando un ciclo y con una perspectiva enteramente distinta a aquella que le había hecho entender una realidad engañosa del mundo. Era un hombre nuevo, ahora amaba la vida y lo que es mejor, había comenzado a quererse a si mismo.
Alejado del hombre encontraba en la Madre Naturaleza justicia y en el lago la espiritualidad. Meditaba en ocasiones sobre el hecho de tenerse que haber quedado ciego para poder volver a ver. No podía por menos que recordar con nostalgia aquellos primeros días de miedo y frio, de incertidumbre y supervivencia. Ahora quedaban convertidos en una simple anécdota, en algo positivo que le ayudó a crecer. Se había adaptado perfectamente al medio logrando el ansiado equilibrio, pero no olvidaba los tiempos de penumbra. Tampoco olvidaba los años que pasó rodeado de otros hombres. En ocasiones, y con cierta pereza, volvía a evocar ese siniestro pasado que consideraba superado.
Los logros adquiridos le enorgullecían, no podía ocultar su satisfacción. Había logrado actuar por cuenta propia, no como antes que creía pensar pero eran otros los que pensaban por él. Se sentía liberado de esa venda, de esa esclavitud impuesta por los dogmas sociales, convirtiendo al ser humano en una herramienta de sus más bajos deseos, los materiales. La falta de generosidad entre el hombre le exasperaba. No podía concebir como había sido partícipe durante tanto tiempo de un sistema cruel y malvado, insolidario y egoísta. Llegó a odiar tanto a la humanidad que le preocupaba, pero al fin le vino la paz y con ella el perdón.
En todo este metamorfismo que había sufrido si que encontró una particularidad que no había cambiado en absoluto, él hablaba y nadie le escuchaba. Pero se consolaba pensando que la naturaleza estaba exenta de engaño y no le importaba tener esa sensación de hablar y no ser escuchado. Nunca había estado más solo que cuando se creía acompañado.
Mirando al lago, aquel que había sido su amigo durante estos años, se sintió saciado. Tenía lo que quería y si no tenía más era porque no lo necesitaba. Había entendido que poseer más de lo indispensable no satisface, empacha, y provoca los malos sentimientos de aquel que no tiene ni para su subsistencia. Conocía la enfermedad del hombre, pero no sabía como distribuir el antídoto, tampoco es que se sintiese en el deber o la obligación de hacerlo. No debía nada a la humanidad, como la humanidad no le debía nada a él.
Estaba en paz consigo mismo y eso le permitía afrontar sus recuerdos malditos. Había logrado perdonarse y eso asesina el remordimiento. Sabía de sobra, porque lo había sufrido en sus propias carnes y lo había aplicado a los demás, que el hombre es un ser necio, avariento, envidioso y macabro si piensa y actúa en sociedad. En cambio, cuando no hay que dar más justificación que a la propia alma surge una bondad innata, otorgada por ese condescendiente sentimiento de tenerse a uno, de amarse y de vivir en avenencia consigo mismo. Solo cuando se consigue esto se está preparado para vivir con los demás. Esa reflexión le reconfortaba.
Sentado, mirando a su amigo, un pensamiento se deslizó por su mente. La sabiduría no consiste en saber mucho sino en conocer lo necesario, pero conocerlo bien. Se pueden aprender mil mentiras y eso no le hace sabio a nadie. La avaricia, incluso de sabiduría, lleva a la falsa realidad. Hay que dominar bien aquello que te ha de servir en la vida para hallar el verdadero conocimiento. El resto queda a los acaparadores de oro.
Nuestro amigo tuvo una vida longeva y plena. Había adquirido la sabiduría que fue a buscar, pero era una sabiduría extraña y diferente a la que se hubiese imaginado. No contenía los viejos valores humanos, no era en verdad un conocimiento aplicado al materialismo. Su existencia se orientó a una nueva forma de concebir el mundo, desde vida y los placeres básicos de ella.
A pesar de estar preparado para vivir de nuevo con otros seres humanos, nuestro amigo nunca regresó a la sociedad. Su sabiduría le había convertido en un hombre muy vago.

domingo, 22 de julio de 2012

Negro ponto



Sociedad traicionera,
sociedad injusta
de falsos valores
y palabras inicuas

Sociedad del rico
y del poderoso,
sociedad febril,
incoherente y servil

Nos niegas tus versos,
nos hechiza tu descaro,
seducidos por el baile,
sucumbimos al "malvado"

Quedo advertido del beso traicionero,
ese beso de Judas,
que el impertérrito villano,
reparte con esmero

Mas siempre que llega la noche,
aparece después un alba,
monotonía y dura vida
que esclaviza con calma

Ya no somos lo que fuimos,
ni serenos lo que somos,
solo nos resta el futuro incierto,
solo quedamos nosotros

En la fragua de los sueños
los moldes están deteriorados,
ni las brasas calientan,
ni el herrero ha regresado

Solo queda la esperanza
a los más ilusionados,
de que vuelva la equidad,
al más que injusto páramo

El resto esperamos
con más o menos entereza
que la parca nos recoja
a su reino de tinieblas

Ahí encontramos al barquero,
a Caronte el anciano,
que espera su óbolo,
el pasaporte al otro lado

Con ello mueren los problemas,
las injusticias y los agravios,
pues Hades no hace distinciones
entre todos los hermanos

sábado, 21 de julio de 2012

Recuperando a la especie


Desde unos días atrás parece que la sucesión de hallazgos y publicaciones científicas en torno al controvertido neandertal se suceden. En un principio, incluso nos dijeron que era capaz de desarrollar algún tipo de manifestación estética y/o mágica, en definitiva trascendental; después se nos aseguró que tenían una enorme capacidad para discernir las propiedades paliativas de determinadas plantas usándolas en beneficio propio a pesar de su amargura. Es una ligera hipótesis sin base científica, pero ¿no parece que estamos intentando ascender a los altares semi - divinos de la humanidad a los neandertales? ¿Es posible que nos hayamos cansado de nuestra propia especie, de nuestros congéneres Homo sapiens sapiens y ahora les aborrecemos como un desvarío cruel de la naturaleza? Puede que, incluso, los neandertales tuviesen la solución definitiva para atajar los graves problemas derivados de la crisis creada por sus primos no tan lejanos Sapiens sapiens.

 Y el asunto de la medicina actual es cuestión compleja que los neandertales serían incapaces de entender. Incapacidad derivada no de una supuesta condición de brutalidad que tradicionalmente se achaca a la especie en cuestión, sino porque no debe haber nadie que entienda la cuestión de la salud en nuestro mundo de hoy.

Al parecer, y según ha descrito la prensa en recientes artículos, los análisis moleculares de algunas piezas dentales recuperadas de individuos neandertales han arrojado como una de las principales conclusiones el empleo de plantas medicinales como, por ejemplo, la alquilea o la camomila. Se supone el uso terapéutico ya que mediante el estudio del genoma neandertal estos individuos ya disponían de la capacidad para discernir la amargura de los alimentos. Es decir, que se ha de suponer que no tomaban estas plantas por su sabor sino más bien por sus propiedades medicinales. Este es un descubrimiento crucial en el complejo entramado evolutivo de la especie humana ya que podemos suponer que los neandertales, a los que ya se supone casi – creadores del complejo artístico que hasta hace bien poco se consideraba patrimonio en exclusividad del Sapiens sapiens, son los precursores antiquísimos de los rudimentos que pondrían las bases de nuestra industria farmacéutica actual.

Desde hace seis años, el gigante farmacéutico suizo Novartis mantiene un costoso y largo pleito con las autoridades gubernamentales indias. En resumidas cuentas, la farmacéutica pretende que las instancias judiciales indias declaren inconstitucional un determinado aspecto de la Ley de Patentes del país. Si ganasen el pleito, Novartis podría mantener la exclusividad y el monopolio sobre determinados productos médicos en detrimento de las formas genéricas de los mismos de las que se benefician especialmente los países en vías de desarrollo. El triunfo de Novartis no haría más que abrir la veda a otras multinacionales occidentales dispuestas a patentar sus productos y extender su monopolio y el control de precios siempre, curiosamente, al alza. En la dinámica mercantil, productos de primera necesidad, al fin y al cabo hablamos entre otros de medicamentos contra el cáncer o el VIH/SIDA, forman parte del catálogo comercial de las empresas y está sometido a las lógicas de la propiedad industrial como cualquier otro bien.

Desde aquella inocente rama de una planta medicinal que un intrépido neandertal se atrevió a probar, seguramente temeroso de los posibles efectos secundarios o de los males que le podría causar, quizás tras observar que otros animales la consumían sin ningún problema ni daño posterior, a la mercantilización total y absoluta de los servicios más básicos y esenciales de los que debe disfrutar cualquier ser humano. No importan los millones de afectados por terribles enfermedades cuyo resultado pueda ser la defunción; no importa que se puedan producir medicamentos genéricos a un coste relativamente bajo y que puedan ser administrados a estos pacientes aunque sólo sea para paliar o mitigar los efectos de las enfermedades. Todo está en venta.

Luis Pérez Armiño